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SEGURIDAD E HIGIENE INDUSTRIAL Y RESPONSABILIDAD TECNICA POR ARQUITECTO

30/5/14

Los productos tóxicos que amenazan la salud de muchos trabajadores

El formol para las enfermeras, los pesticidas  para los agricultores, los percloratos en los que trabajan en la limpieza en  seco. La gama de productos tóxicos es amplia y constituyen un riesgo grave para  la salud de millones de trabajadores en el mundo.
El Día Mundial de la Seguridad y de la Salud en el Trabajo, que se conmemora el 28 de abril, se centrará en los riesgos químicos, que a menudo se  acumulan para crear cocteles muy dañinos.
Un informe realizado con motivo de la jornada mundial, la Organización  Internacional del Trabajo (OIT) avisa que “los productos químicos son un  problema potencial para todos los tipos de empleo”: desde las peluquerías  (metacrilato de metilo), pasando por la construcción (amianto, diluyentes y  otros vapores de soldaduras) hasta el sector de la limpieza.
“Incluso en las oficinas, el personal está expuesto a las partículas de los  cartuchos de tinta y otros productos de este tipo”, dice la OIT, que asegura  que la exposición a algunos de estos productos puede producir cáncer años  después.
La OIT habla de 4,9 millones de muertos en el mundo en 2004 (8,3 % del  total) directamente imputables a los productos químicos (en el trabajo o en  otras partes).
En Francia, según el ministerio de Trabajo, 10 % de los trabajadores, cerca  de 2,2 millones de personas, han estado expuestos al menos a un cancerígeno  durante la última semana de trabajo (investigación Sumer 2009-2010).
Para Annie Thébaud-Mony, especialista de los cánceres profesionales, “los  riesgos químicos no se controlan en absoluto en el trabajo” y se “subestiman”  sus efectos.
Explica a la AFP que, a menudo, están expuestos los “muy jóvenes, los  interinos, los becarios, los subcontratados y las mujeres” y que “ni  siquiera se utilizan los dispositivos de protección que existen”.
Destaca el caso de la limpieza y de la gestión de desechos donde la  situación está “fuera de control y (es) completamente catastrófica”.
En el caso de los estibadores y trabajadores portuarios, en Francia se ha  creado una asociación para la protección de la salud de los trabajadores  portuarios después de que un trabajador imputara su cáncer de riñón al trabajo  que realizaba.
Cuando los barcos transportan productos perecederos, por ejemplo, se  utilizan “a tope” productos para impedir que las ratas se acerquen a los  diques.  “Y la gente, cuando abre los diques, inhala estos productos”, cuenta a  la AFP Serge Doussin, presidente de la asociación.
Una investigación realizada con trabajadores portuarios en actividad desde  1992 ha mostrado “tasas anormalmente altas de enfermedades graves” (Cáncer de  riñón, laringe, vejiga, próstata…).
Los trabajos han mostrado que los estibadores y los trabajadores portuarios  del puerto francés de Nantes Saint-Nazaire se han visto expuestos a una  “poliexposición de cancerígenos”, según Doussin.
“Por primera vez, aparece escrito negro sobre blanco”, dijo, esperando que  esto facilite el reconocimiento de enfermedades laborales.
El concepto de peligrosidad, que debe entrar en vigor en 2015, también  permitirá que los empleados expuestos acumulen puntos para reconvertirse,  trabajar a tiempo parcial o jubilarse antes. Falta por determinar los topes de  exposición (intensidad y duración) que dan derecho a los puntos.
Pero Thébaud-Mony recuerda que la exposición a productos cancerígenos puede  ser nefasta “a partir de la primera molécula, la primera fibra, el primer  polvo”. Fijar estos topes no tiene mucho sentido ya que podrían ser utilizados  como “un permiso para la exposición”, advierte.
La investigadora ha dirigido durante más de diez años una encuesta  bautizada “Giscop”, que reconstruye, con tres hospitales franceses, el  recorrido profesional de pacientes enfermos de cáncer.
“De los 1200 pacientes, 84 % de las personas han estado muy expuestas a  cancerígenos, a menudo en poliexposición durante más de 20 años”, dijo.
Asimismo alerta de que en el caso del amianto, hay una especie de vacío puesto que nadie hace nada pese a que los productos son conocidos y los empleadores lo  saben y tienen una obligación de garantizar la seguridad.
“Cuando se expone a alguien a un producto mortal”, recuerda, es un acto  “criminal”, dice.
abril 18/2014 (AFP)
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