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10/6/13

Profesionales con graves problemas de lectoescritura

Expertos advierten que los profesionales tienen serios problemas de lectoescritura
Lo que hasta hace unos años se presentaba como un problema de la escuela, liceo y bachillerato se ha trasladado a los profesionales universitarios. A aquella minoría de la sociedad que logró ascender por todos los escalafones de la formación académica, le falta una herramienta que nos remonta a la propia fundación de la patria. De acuerdo a lo que informan varios especialistas de distintas áreas de conocimiento, los profesionales uruguayos tienen graves problemas de lectoescritura, redacción, ortografía y expresión oral. Algunos incluso establecen que temen que su capacidad de análisis haya empeorado. 

El país de “sean los orientales tan ilustrados como valientes” de 1815, de la reforma vareliana en 1876; no solo tiene índices altísimos de repetición en secundaria, y de deserción universitaria, sino que los que efectivamente logran completar los estudios, lo hacen con problemas que 50 años atrás no tenía un niño al terminar la escuela. 

El consenso es avasallante en este sentido. El Observador habló con decanos y representantes de las carreras más pobladas, especialistas en Educación y en Lengua, y con solo algunas excepciones, la regla se mantiene: los uruguayos egresan de las facultades con problemas de lectoescritura. Y lo que es peor es que en ese grupo entran maestros y docentes, lo que implica que el aprendizaje de la ortografía, la redacción y la expresión oral de los niños no parece estar en buenas manos. 

Mónica, una periodista del interior, recibió el cuaderno de comunicados del preescolar a la que asiste su hija y encontró varios errores de ortografía. Le dijo a El Observador que no es la primera vez que le pasa, y que los errores en esta ocasión eran tildes en lugares que no llevaban tildes y la palabra “utilicemos”, escrita con zeta. Dijo que le marcó los errores con círculos y envió nuevamente el cuaderno con su hija. Era un pedido de libros, ella bromeó en Facebook contando lo dicho y escribiendo “Capas (sic) que les mando un diccionario”. 

Edith Moraes, directora general del Consejo de Formación en Educación dijo a El Observador que en el plan de estudios se “aumentaron las horas para esas áreas”. Dijo que se incrementó la enseñanza “de lo que es el lenguaje desde su surgimiento, desde que el niño aprende a hablar, a escribir y a leer, hasta cómo se enseña y cómo se promueve el dominio de la lectura y la escritura”. O sea, se ha intensificado la enseñanza a profesores y maestros y cómo estos enseñan a los educandos. 

De acuerdo a la jerarca, “el dominio de la lengua escrita es algo que a nivel universal está teniendo modificaciones” y que “las fronteras se fueron rompiendo y hay un lenguaje de uso más práctico que impregna todo lo que era el lenguaje específico de cada profesión”. Reconoció que esto antes no pasaba, y aseveró que “es importante que los centros educativos cuiden que el lenguaje mantenga su forma”. 

Moraes dijo además, que “las causas deben ser múltiples y es algo de lo que aún faltan investigaciones que permitan que uno pueda hablar con más criterio que avale lo que uno puede estar diciendo. Por lo tanto lo que uno dice son percepciones, intuiciones o aproximaciones”. 

Esta realidad, palpable a nivel de educadores, se evidencia también en aquellos que se encargan de escribir o defender las leyes. 

El 16 de mayo, el ministro de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Jorge Chediak dijo en una charla organizada por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) que “se suponía que el abogado sabía hablar y escribir”, pero que eso cambió. “Ahora no se escribe tan bien ni se tiene poder de síntesis. No hay una adecuada comprensión lectora”, dijo. Agregó además que el nivel de muchos estudiantes de Derecho es “impresentable”. 

La directora del Centro de Estudios Judiciales del Uruguay (CEJU), en donde se forman los futuros jueces, Nilza Salvo, dijo, por su parte, que suscribe “totalmente” los dichos de Chediak. El año pasado se presentaron 143 a la prueba de conocimiento y lograron sacarse seis, el mínimo, 20 alumnos”, señaló. 

“Más que problemas de ortografía –que algún horror se ve–, es la redacción y la expresión, y además voy más allá de eso; el problema es hasta de la comprensión del caso, porque nosotros ponemos tres sencillos casos en la prueba. Es un problema de la formación universitaria, si a usted lo forman para repetir como un loro, después le va a costar”, agregó. 

Salvo dijo que en la carrera se ha hecho hincapié en mejorar la lectoescritura, que una de las primeras materias es Idioma Español y que recientemente se ha decidido dar más horas al final de la carrera, “para que se vuelva a evaluar la evolución de los muchachos”. 

El 16 de mayo, el semanario Búsqueda publicó un artículo donde se informa que la mitad de los aspirantes a ingresar al Ministerio de Relaciones Exteriores perdieron la primera prueba que se daba: idioma español. Y que, a diferencia del resto de las pruebas, es considerada “liviana”. 

El artículo además detalla que esta tendencia se ha mantenido en los últimos tres años y que en la prueba no se busca calificar “ideas fantásticas” sino definir si “saben o no escribir en español”. Y que los profesores se encuentran con textos “ilegibles”, faltas de ortografía y una “simplificación del lenguaje típica de mails, sms o conversaciones de chat”; este es el motivo por el cual personas con por lo menos 16 años de educación formal pierden la prueba, explicó el presidente del Instituto Artigas del Servicio Exterior, Jorge Mayer. 

La estatal Facultad de Medicina no escapa a esta realidad. De acuerdo a lo que estableció su decano, Fernando Tomasina, “el Departamento de Educación Médica (DEM) está trabajando el aspecto de lectoescritura como un tema importante. Es una de las preocupaciones que hay que trabajar en ese aspecto para facilitarle al estudiante las herramientas que lo capaciten en este sentido”. 

Mientras tanto, en la Facultad de Economía, su decano, Rodrigo Arim, destacó que los docentes egresan bien preparados en todos los aspectos. Sin embargo, dijo que “sí es ‘objetivizable’ el problema de lectoescritura al ingresar a la facultad. Hay un deterioro en la capacidad de expresión escrita de los estudiantes que se ve en las revisiones y exámenes. Con decir esto no creo que esté dando una novedad importante, es un diagnóstico sistemático que aparece desde varias fuentes distintas”. 

“Diría todo lo contrario de los egresados, el nivel en ese plano es bastante bueno. Con la heterogeneidad propia de una facultad que el año pasado tuvo 1.300 egresos”, estableció Arim. 

De todas formas, dijo a El Observador que se está ejecutando el nuevo plan que comenzó en 2012, que tiene asignaturas “cuyo destino específico es formar en capacidades básicas”. 

Agregó que todas las carreras están adoptando estas materias, destinadas a alumnos de tercero y de cuarto. “Queremos construir capacidades en nuestros egresados para que logren expresarse razonablemente bien en la elaboración de documentos. No lo teníamos en el plan anterior, pero sí en el que está vigente con materias para lograr este objetivo”, dijo Arim.

Al ser consultado sobre por qué creía que se incluía ahora materias como la que nombró, de capacidades básicas, el Arim dijo que “antes el plan estaba pensado  mucho más desde el punto de vista de los contenidos y ahora de la capacidad de aprendizaje del estudiante. La segunda cuestión responde a una tendencia global, de que en la lista de materias de todas las universidades del mundo encuentra clases de estas características. Estamos migrando un esquema de formación donde este tipo de contenidos es habitual en otros contextos. En tercer lugar, identificamos un problema en la capacidad que tienen los estudiantes para ordenar materiales, priorizarlo y armar documentos. Distinto a cuando egresan”. 

Héctor Cancela, decano de la Facultad de Ingeniería, aseguró no notar falencias en ningún aspecto de los nombrados. Dijo que a nivel de la facultad están satisfechos con el nivel de los egresados, y de acuerdo a distintos estudios de satisfacción que ellos realizan, los empleadores comparten. 

“Venido a menos”
El estudio de abogados Ferrere, y su consultora hermana CPA Ferrere –que cuenta con más de 200 profesionales– tiene un asesor de expresión oral y escrita. Además de brindar talleres, edita textos y ayuda a los profesionales a mejorar sus capacidades de lectoescritura. 

Alejandro Bluth hace más de cinco años que desempeña esta tarea, no solo para el estudio, sino también para otros profesionales. Él considera destacable lo que hace su cliente porque cree que apunta a la excelencia. 

“Hay una necesidad, una demanda de mayor expresividad, sencillez y eficiencia en la escritura profesional”, dijo Bluth. El uso de la palabra escrita por parte de los profesionales está venido a menos, agregó.

Bluth cree que el empobrecimiento del uso de la lengua es “un rasgo civilizatorio”. 

“Si se empobrece la escritura, es razonable pensar que se empobrece el pensamiento”, dijo. 

Para el doctor en Filosofía y director del Programa de Gobierno de la Educación en la Universidad Católica, Pablo da Silveira, cree que el problema de la lectoescritura puede explicarse porque la gestión educativa es “tierra de nadie”. 

También el profesor Juan Justino da Rosa, subdirector del departamento de Lengua y Literatura de la Academia Nacional de Letras, los profesionales cada vez tienen más problema de lectoescritura, y asegura que este “es un problema de larga data”.
OBSERVADOR
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