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SEGURIDAD E HIGIENE INDUSTRIAL Y RESPONSABILIDAD TECNICA POR ARQUITECTO

9/11/12

Cero Accidente Meta posible? Objetivo o Visión?


Escribe: Samuel Chávez Donoso
Director General Rekrea Ltda.

En muchas empresas, particularmente del ámbito minero y del sector forestal que he
visitado últimamente, escucho hablar de “Cero Accidente”. La frase como que ya está
instalada en la mente y está también a flor de labios en sus directivos. Y también la
vemos aparecer en documentos, discursos y reuniones. Es como una nueva onda (o
aspiración) en las empresas de vanguardia que ya han logrado bajas tasas de accidentalidad.
Fue a propósito de ello, precisamente, que vino de nuevo a mi recuerdo, cuando una
periodista me preguntó para una revista de circulación interna de una importante empresa
minera: ”¿Cree usted que “cero accidente” es sólo un eslogan o puede llegar a ser
efectivamente una realidad?”
¡Interesante la pregunta!

Mi respuesta fue que el significado de las palabras siempre está en las personas. Y que
bajo esta premisa, puede ser que algunos perciban esta frase como un mero eslogan,
mientras que otros la interpreten como un deseo y otros la vean como un desafío.
Como también puede ser que para algunos constituya un objetivo estadístico que hay
que alcanzar de cualquier modo (incluso ocultando accidentes), mientras que para otros
puede ser un objetivo sincero por el cual hay que trabajar seria e incansablemente.
Ahora bien, lo importante es que “el cómo” se perciba e interprete esta frase, influye
de manera considerable en lo que realmente se haga en función de ella.

Pero la periodista también me preguntaba si “cero accidente” puede llegar a ser
efectivamente una realidad. Le contesté recordando que hace varios años, mientras
viajaba a Curanilahue a desarrollar una actividad con un grupo de mineros del carbón,
me encontré con un graffiti en una vieja muralla a la entrada del pueblo que decía: “Si
es necesario, es posible”. Y yo creo cada vez más en ello.

Para algunos, la meta cero accidente puede parecer imposible pero... ¿cuántas cosas
que han sido “imposibles” se han logrado en la historia de la humanidad? ¡Muchas!
Walt Disney decía: “Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr”. También es aplicable a
nuestra interrogante ese pensamiento que dice: “Aquel que cree que puede lograrlo,
probablemente tenga razón; como también la tiene, probablemente, aquel que cree que
no puede lograrlo”.

El creer firmemente, el tener la convicción de poder llegar a lograr un estado ausente
de accidentes en una empresa, constituye una tremenda energía que ayudará a avanzar
en esa dirección. Aquellos que no creen o dudan de su factibilidad, sean gerentes o
profesionales de prevención, también es muy probable que logren ver hecho realidad
su vaticinio, lamentablemente.

En realidad, “cero accidente” más que un objetivo (que también lo es) es una visión,
es un norte. Es una aspiración con un hondo contenido ético, a la que no debiéramos
renunciar. El hacerlo, so pretexto de que se trata de una meta imposible, sería como
renunciar a la aspiración de lograr la paz mundial o renunciar a desterrar la pobreza:
ellos han de ser objetivos permanentes. ¡Y debemos trabajar para avanzar tras su
consecución... siempre!

Así, en Seguridad también debiéramos trabajar constantemente para un objetivo de Cero
Accidente. A nadie le "sonaría" bien escuchar un objetivo que diga por ejemplo: “En este
proyecto el objetivo en seguridad es no tener más de dos muertos, cinco amputaciones....”
La mira debiera estar permanentemente en una visión de Cero Accidente. Pero como
una visión sin acción no conduce a nada, esta visión debe venir acompañada de un
trabajo serio e inteligente.

¿Y qué significa trabajar seria e inteligentemente para lograr el estado de “cero accidente”?
Significa, por una parte, un esfuerzo de toda la organización, con voluntad de acción
Pero también significa trabajar en base a una estrategia, que radique la responsabilidad
por la seguridad en cada uno de los miembros de la empresa, entendiendo la seguridad
como resultado de un trabajo bien hecho; una estrategia que privilegie el control de los
accidentes en el origen o raíz de los problemas, mejorando constantemente los distintos
sistemas y procesos; una estrategia que fomente tanto la gestión preventiva por parte
de la línea de mando como el autocuidado por parte de los trabajadores.

Tal desafío se justifica porque los accidentes siguen ejerciendo su acción devastadora
al provocar muertes, amputaciones y distintos tipos de incapacidades a las personas;
dañando equipos, maquinarias, instalaciones y bienes en general; interrumpiendo
procesos, paralizando faenas; generando pérdidas humanas y económicas; dañando la
imagen y reputación de las empresas, obstaculizándoles con ello su ingreso a mercados
que interponen barreras sociales, entre otros tantos efectos de los accidentes.
¿No son estas razones más que suficientes como para declarar inadmisibles los accidentes
y, por lo tanto, para aspirar a su erradicación de la empresa?

Hace poco, escuché a un alto ejecutivo de Angloamerican decir: “Trabajamos en la
dirección de Cero Accidente y, cuando se llega a producir uno, nos paramos con más
fuerza para seguir avanzando en la misma dirección”. ¡Esa es la forma de abordar este
desafío! ¡Esa es la actitud que se requiere! Que, felizmente, la he estado comenzando
a ver también en algunas otras empresas del ámbito de la minería y forestal.

No es malo apuntar a las estrellas. Por el contrario, siempre es bueno apuntar alto.
Y, si se trabaja con pasión para ello, tal vez en algún momento podamos decir: “Nos
propusimos llegar a cero accidente, en un contexto de autocuidado y de cultura preventiva,
y lo logramos...¡porque no sabíamos que era imposible!”.
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