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TECNICO PREVENCIONISTA EN SEGURIDAD E HIGIENE INDUSTRIAL

5/6/11

El sueño hecho realidad

Dormir mal puede traer diversas consecuencias, desde provocar accidentes a mal humor y desinterés por la vida. Estos factores prueban que un buen descanso es clave para la salud

Los siete controladores aéreos encontrados dormidos en Estados Unidos en lo que va del año pusieron un tema en escena: la importancia de dormir bien. Sobre todo, porque la mayoría de estos casos parecen haber sido accidentales.

“Hay que dormir ocho horas”. En estos días, esta afirmación, que se repite socialmente, le quita el sueño a cualquiera. Literalmente. Algunos de los que no logran cumplir con esa pauta se preocupan al respecto, y aunque intentan acostarse más temprano, suelen fracasar en la meta por descansar el tiempo que deberían. Otros tratan de no dormir porque lo consideran inútil. Pero robarle horas al sueño puede tener consecuencias negativas para la salud.

Cada persona tiene una necesidad propia. Aunque el rango varía entre 6 y 8 horas, según explica la médica neurofisióloga María Magdalena Penela. Vendría a ser “la tercera parte del día”. Si tiene 24 horas, “8 tendríamos que estar durmiendo”, apunta. Y agrega que en ese período se produce el mantenimiento del cuerpo pues se restablecen las funciones que se usan durante el día.

Por lo tanto, la necesidad de cada individuo cambiará de acuerdo a su edad. Mientras que los “recién nacidos duermen todo el tiempo”, “los adolescentes entre 10 y 12 horas”. Cada vez que uno se va acercando más a la tercera edad “el tiempo se reduce” y dormir entre 5 y 6 horas muchas veces es suficiente.

También existen los “dormidores cortos”, a quienes les basta con 4 horas. Por eso, la especialista enfatiza que además de tener presente la cantidad de horas, hay que prestar atención a la calidad de ese sueño, que es mucho más importante que lo anterior. Tal es así que “de nada sirve dormir 12 horas, si no cumpliste las etapas del sueño”, según sostiene Penela.

Esto explica por qué los dormidores cortos pueden tener una vida saludable incluso con pocas horas de sueño. En este sentido, el psiquiatra Alexander Lyford-Pike advierte que “son pocos los casos”. Manifiesta que no es frecuente que una persona duerma 6 horas o menos porque el cuerpo por lo general necesita más tiempo para recuperar lo que gasta durante el día.

Además afirma que los niños suelen dormir 10 horas, los adolescentes 9 y los adultos 7. Y concuerda con Penela en que las horas de sueño necesarias dependen de cuántos años tenga la persona.

Indispensables para la salud
La neurofisióloga Penela explicó a El Observador cuáles son las diferentes etapas del sueño que deben cumplirse para estar saludable. Existe el sueño NO REM o sueño lento, que se divide en 4 etapas, de acuerdo a la profundidad. Mientras que la primera es la más superficial –y resulta más fácil despertar- , la cuarta es la más profunda. Por otro lado, el sueño REM (del inglés: rapid eye movement por el movimiento de los ojos durante esa fase) o sueño activo “es la etapa en la que soñamos, y en la que se cumplen una gran cantidad de cambios fisiológicos necesarios para la vida”.

Secuelas evitables
Sea por dormir menos horas o por la mala calidad de sueño, el primer efecto de no aprovechar el tiempo para descansar es la somnolencia durante el día. Una manifestación que, aunque pueda parecer menor, si se hace crónica, “puede llegar a ser patológico”, comenta Penela.

Esto puede generar accidentes como los que podrían haber causado los controladores aéreos en Estados Unidos. Es que según el presidente de la Fundación Nacional del Sueño de ese país, Thomas J. Balkin (en una carta publicada en el sitio de la organización) estos funcionarios se durmieron porque lo necesitaban fisiológicamente. Por eso, considera que la Administración Federal de Aviación en lugar de haber cambiado de 8 a 9 horas el tiempo entre los turnos de estos trabajadores, tendría que haberlo extendido por lo menos a 12 horas.

Otras derivaciones de dormir mal son los cambios del humor, de la atención, el déficit de memoria, la pérdida del interés y la disminución de la líbido. Y es que “a medida que peor es el descanso, peores son las consecuencias”, advierte Penela. Lyford-Pike, por su parte, observa que las consecuencias pueden ser las enfermedades de tipo síquicas como la depresión, la ansiedad, la irritabilidad u otras de medicina general como la tendencia a la diabetes con sobrepeso, las enfermedades cardiovasculares y, a largo plazo, además del envejecimiento precoz.

“Hoy la gente duerme cada vez menos”, afirma Penela al notar que en los últimos años le sacamos casi un 25% de tiempo del sueño. “Desde que tenemos luz eléctrica le estamos robando horas”, ya que ahora “vivimos más de noche”. Lo que se traduce a la larga en enfermedades como el aumento de la presión arterial, las arritmias cardíacas y los infartos de miocardio.

OBSERVADOR


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